Página de Montorfano


 

 

 


Nombres en Antiguos o Desuso

Este es un listado de nombres en desuso y/o antiguos que he ido recopilando en mis investigaciones. Si conocés alguno que no esté incluido, escribime y lo agregaré.

La Pila Bautismal en Otros Tiempos

    Por Roberto Fernández Alfaro

 

Listado de Nombres Antiguos o en Desuso

 

Video - Un poco de humor  

 

Nombres del santoral a la publicidad

    Por Salvador Romero Pittari

Ecuador cobija los nombres menos comunes
    Por Gonzalo Guillén 

Los nombres de los uruguayos

  Por Leonardo Haberkorn


La Pila Bautismal en Otros Tiempos

Los invito a leer este texto de Roberto Fernández Alfaro que ilustra las costumbres de nuestros ancestros al momento de elegir el nombre con el que bautizaban a sus hijos:

Appellare aliquem nomine (Llamar a cada uno por su nombre), tal la cuestión. Hay nombres "raros", algunos excesivamente innovadores. Otros pasados de moda. A estos últimos nos referiremos. Para evitar posibles susceptibilidades, podríamos referirnos a nombres poco frecuentes por estos tiempos, al menos en el extremo sur del continente americano. A ese respecto, pasé revista a mis antepasados de dos y hasta de tres siglos atrás y hallé que en la rama de mi madre, los Alfaro, fueron contemporáneas, aunque no sé si hacían buenas migas, señoras/señoritas que portaban denominaciones tan opuestas como Angustia, la una, y Alegría, la otra. Fueron hermanas Martirio y Remedios, seguramente para compensar las cargas. Otro Alfaro del siglo XIX me deja la duda de sí, efectivamente, era un hombre andariego, porque lo etiquetaron Visitación.

 

Una de mis bisabuelas fue Librada Acosta, quien llamó Segundo al...octavo hijo legítimo de su matrimonio con Isidoro Alfaro. Eso, mucho después de haber tenido un par de descendientes con la carátula de "ilegítimos", porque no consta la identidad del (los) padre(s): Juan, en 1848, y María Isaac, en 1857. En el censo de 1869, Librada figura con señas de "instruida", aunque su operación aritmética no cierra. Segundo vino al mundo en 1866, después de Secundino –quien, en realidad, fue el primero–, Petrona (1851), María Isabel (1854), Lorenza (1858), Flora (1860), Nicasio (1862) y Buenaventura (1864), e inmediatamente antes de Epifanio (1868).

 

Por aquel entonces, las neuronas estaban a salvo de un invento posterior que todavía hoy hace estragos, la televisión, por lo que parece que las modas se transmitían de manera distinta a las épocas actuales. Así, en determinados períodos abundaron entre los Alfaro y sus consortes, nombres tales como Sandalio y Serapio, Baldovina y Telésforo, junto a hijos propios de personas desprendidas, como Regalado y Patrocinio, al lado de adictos al protocolo, como Presentación. Más otros, que se hacían sentir en la última sílaba: Trifón, Melitón y Filemón, además de uno que imaginamos escasamente afecto a las actividades físicas: Reposiano.

 

En un acta de nacimiento del año 1855, un sacerdote muy particular llamado Juan Rosa Escobar da cuenta de que en la localidad entrerriana de Rosario del Tala bautizó a dos mellizos, sobre los que no se priva de apuntar que "nacieron el mismo día", al tiempo que agrega el dato que viene a cuento: recibieron por nombre Pantaleón Primero y Pantaleón Segundo, respectivamente.

 

Se trata del mismo religioso que aparece retratado en una deliciosa crónica que aún en el presente –siglo y medio después– mantiene su frescura y que fuera escrita por un compañero de mi bisabuelo en las guerras civiles de esos tiempos. Dice su autor, Julián Monzón: "Era párroco de aquella feligresía el cura don Juan de Rosas y Escobar, porteño, rosista acérrimo (*), alcoholista empedernido y enemigo mortal de los gallegos (**). Tenía más de soldado que de sacerdote, y muchos actos se contaban, más que impropios, ofensivos a la sagrada misión que desempeñaba.

 

Recuerdo algo de la vida irregular de aquel sacerdote y voy a referirlo.

 

Una vez fue a casarse don Juan Geriki, alemán, con Inés Duarte; y al asentar la partida de matrimonio, preguntó a don Juan, como se llamaba: Juan Geriki, contestó aquél. ‘¿Cómo?, Juan ¿cómo?’, interrogó el padre Rosas. ‘Juan Geriki’, le repitió aquél. El cura lo miró con cierto desdén y le dijo: ‘¡Qué Giri, ni Giri!, aquí no se admiten apelativos de gringos, esa jeringoza es para tu tierra. Te pondré Juan Enrique’, y así consta en la partida de matrimonio".

 

La anécdota pinta que los sacerdotes pesaban mucho en la elección de los nombres. Y como quedó escrito, hasta en la de los apellidos, cuando no en la validación de los apelativos: en otra acta, ésta de defunción, el cura Juan Rosa Escobar asienta el deceso de Carmen Luna, y agrega: "casada con Toribio, El Petizo" (sic), agregando, por si fuese necesario: "así le decían por lo bajito". En Gualeguay, al sur de Rosario del Tala, el religioso José Leonardo Acevedo anotó, en clave de su tiempo (año 1828), el deceso de "Marcelo, el ñato del otro lado".

 

Volviendo a los nombres poco corrientes en nuestros días, existió uno bastante popular que hoy, empero, nadie se atrevería a escoger, habida cuenta de su significación actual: Gil. Así se denomina ahora a las personas tontas, equiparable a los "golfos" españoles; parecido caso al de Mamerto y al de Cándido. Ya han desaparecido virtualmente Sinforiano, Crecenciana y Aparicio, tanto como Diogracia y Polonia. Tampoco abundan Liborio, Policarpo y Tolentina. Hubo también entre los Alfaro de mi rama y sus cónyuges un par de Hermógenes –con su femenino, Hermogenea–, dos Paz (o La Paz) y tres Ciriaco, además de varios Climaco (uno de ellos –de apellido Acosta– inmortalizado por Atahualpa Yupanqui en su canción "Sin caballo y en Montiel"), una Zoila y varias Nemesia.

 

Tuvimos una Hogarita, u Ogarita, designación virtualmente inexistente en el presente, aunque puede comprobarse que sí se utiliza en Colombia y en México. También contamos con Damasia y Baciliana, ambos femeninos, además de tres o cuatro hombres bautizados Eduviges, Edwiges o Heduviges, según el real saber y entender de cada sacerdote encargado de la anotación.

 

Vale el rescate, para cerrar, de un guerrero del ejército del general Justo José de Urquiza (1801-1870), quien portaba un nombre con sonoridad estremecedora, unido, claro, a su rol en los fragores de la caballería. Era nada menos que lancero y se llamaba Calasancio Velázquez.

 

Roberto Fernández Alfaro

 

(*) Rosista = partidario de Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires y encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina entre 1835 y 1852.

 

(**) Gallego = hábito argentino de designar así a todo natural del reino de España.

 


Listado de Nombres Antiguos o en Desuso

Femeninos Masculinos
 
A
Acacia
Agapita
Alba
Aldonza
Alegría
Altagracia
Ambrosia
Anacleta
Anastacia
Angustia
Aniseta
Apolinaria
Arcadia
Argentina
Arminda
Arsenia
Artemia
Aurea

Aureliana

B
Balbina
Baldovina
Bartola
Benjamina
Berenguela
Bertilde
Brandina
Brigida
C
Calista
Cándida
Canuta
Capitolina
Caracciola
Caridad
Carlina
Casiana
Casilda
Cayetana
Ceferina
Celmira
Cerapia
Cesárea
Ciriaca
Clemira
Cleofás
Cleofe
Cleotilde
Clodomira
Crecencia
Crecenciana
Crisanta
Cruza
Cupertina
D
Dalinda
Damasia
Deidamia
Delfa
Demófila
Deodora
Deogracias
Desideria
Diega
Digna
Diosgracias
Domitila
Domitilia
Donaciana
Donatila
Doraliza
Dorila
E
Edevira
Eduviges
Efigenia
Elegia
Eleodora
Elodina
Elpidia
Elvira
Emelinda
Emeteria
Emigdia
Emilse
Enriqueta
Erasma
Ercilia
Ermelinda
Erundina
Escolástica
Esperanza
Estaurófila
Etelvina
Eudosia
Eufemia
Eufrasia
Eufrocina
Eulacia
Eulalia
Eulogia
Eutilia
Eutropia
Evarista
F
Feliciana
Felicitas
Fidela
Fidencia
Filomena
Flora
Florentina
Florinda
Fortunata
Fredesfinda
Fronilda
Fructuosa
 
G
Genoveva
Gertrudes
Gertrudis
Gregoria
Gumersinda
H
Heráclita
Herculana
Herencia
Hercilia
Herminia
Higinia
Hogarita
Honorata
I
Iluminada
Indalecia
Inocencia
Irina
Irinea
Isaura
Isidora
Isolina
Italia
J
Jacinta
Jovita
Justa
L
Leona
Leonarda
Leoncia
Leopoldina
Libertad
Livia
Liboria
Librada
Lorenza
Ludovica
Lugarda
M
Macaria
Marcelina
Marquesa
Martirio
Matiana
Mauricia
Melitona
Mercedaria
Minervina
Modesta
Modestina
Molinaria
Mucia
N
Natividad
Nefer
Nemesia
Nepomucena
Nesle
Nicanora
Nicéfora
Nigia
O
Octaviana
Odelinda
Ogarita
Olaz
Oliva
Olivia
Otilia
P
Pánfila
Pantaleona
Pastora
Peregrina
Perpetua
Petrona
Petronila
Policarpa
Polonia
Práxedes
Presentación
Primitiva
Prudencia
Prudenciana
R
Resurrección
Reducinda
Refugia
Remedios
Restituta
Romana
Romidia
Romilda
Rudecinda
S
Sandalia
Savina
Secundina
Segundo
Serafina
Serapia
Silveriana
Sinesia
Sinforosa
Sisebuta
Sixta
Suera
T
Tadea
Tecla
Telesflora
Telesfora
Teodolina
Teodulfo
Tiburcia
Toda
Tolentina
Toribia
Tranquilina
Tránsito
Trinidad
U
Ulpiana
Unisifora
Urraca
Uberlinda
V
Venancia
Vicenta
Violante
Visitación
Vitalia
Z
Zenobia
Zenona
Zoila
Zoraida
 
A
Abelardo
Abundio
Ademar
Advertano
Advíncula
Agapito
Agricol
Amable
Ambrosio
Anacleto
Anastacio
Anfiloquio
Aniseto
Antenor
Antolín
Aparicio
Apolinar
Apolinario
Arcadio

Artemio

Atanasio
Atenor

Aureliano  

Aurelio
B
Baldomero
Baltasar
Balvino
Belidoro

Benicio

Benigno
Berengario

Berenguer

Bernabé
Bernardino
Bibiano
Blas
Borgoño
Braulio
Brígido
Buenaventura
C
Calasancio
Calixto
Cancio
Candido

Cantalicio

Canuto
Casildo
Casimiro
Casio
Cecilio
Ceferino
Celedonio
Celestino
Celso
Cenobio
Cesáreo
Ciriaco
Claro
Clelio
Climaco
Clodoaldo
Clodovaldo

Clodomiro

Conrado
Cosme
Crescencio
Crisólogo
D
Dalmiro
Dámaso

Delfín

Delfo
Delio
Dermidio
Desiderio
Diaco
Domitilio
Domitilo
Donaciano
Donato
E
Eduviges
Eladio
Eleodoro
Eleuterio
Eliodoro
Elpidio
Elvio
Epifanio
Epimenio
Ercilio
Espiridión
Eufemiano
Eufemia
Eufrasio
Eulogio
Eusebio

Eustaquio

Eutimio
Evaristo
Eutropio
F
Fausto
Febronio
Feliciano
Felisardo
Fidencio
Fierabando
Filemón
Filomeno
Florencio
Florentino
Frígido
Froilán
Fructuoso  
Fulgencio
   
G
Gabino
Gavino
Genaro
Germinal
Gervasio
Gregorio
Gumersindo
H
Heliodoro
Heraclio
Heráclito
Herculano
Heriberto
Hermenegildo
Hermías
Herminio
Hermógenes
Higinio

Hilarión

Hipólito
Honesto
Honorato
I
Ildefonso
Indalecio
Inocencio
Ireneo
Irineo

Ismael

J
Jacinto
Jacobo
L
Laurentino
Lauro
Lázaro
Leoncio
Leonello

Leonidas

Leopoldo
Liborio
Librado
Lisandro
Lizardo
Longino
Lucrecio
Ludovico
M
Macario
Mamerto
Mansón
Marcial
Marcindo
Mardoqueo
Medardo
Melitón
Merenciano
Milciades

Modesto

Modestino
Moisés
N
Nabora
Nemesio
Neófito
Nepomuceno
Neptalí
Nicandro
Nicanor
Nicasio
Nicéforo
Nicomedes

Nolasco

Norato
Normando
O
Orfilio
P
Paciano
Pancracio
Pánfilo
Pantaleón
Pascasio
Pastor
Patrocinio
Petronio
Pilaro
Pioquinto

Policarpo

Pompeyo
Pomposo
Práxedes

Preveterio

Primitivo
Prudenciano
Prudencio
R
Raimundo
Recaredo
Regalado
Reposiano
Restituto
Reufa
Rogelio
Rosendo
Rudecindo

Rufino

Ruperto
S
Sandalio
Saturnino
Secundino
Segismundo
Segundo
Serafín
Serapio
Severo

Seveso

Sinforiano

Sisebuto

Sixto
Sofanor
Suero
Suplicio
T

Telésforo

Teobaldo
Toribio
Tiburcio
Trifón
Tristán

Tubal

U

Ubaldino

Ubaldo

V

Valeriano

Venancio
Victoriano
Visitación
W
Waldino
Wenceslao
Werino
Z
Zacarías
Zenón

Zoilo

Agradezco los aportes de:

Orfilio Alfaro

Fran Castellblanch

Roberto Fernández Alfaro

Héctor Guillén

Jorge Lintrup

Venancio Herranz

Santiago Roca

Luis Ruiz Gamborena

Hugo Stigliano

Telma Puricelli

 


 

Video - Un poco de humor

 

 


Nombres del santoral a la publicidad

Salvador Romero Pittari*

http://ea.gmcsa.net/2004/03-Marzo/20040311/opinion/Marzo/op040311d.html

Los bolivianos son relativamente parcos en selección de su nombre, sobre todo comparados con los uruguayos.

Otros tiempos, otros nombres, otros suspirantes que ya no susurran furtivamente en el oído de la amada, para iniciar las maniobras de aproximación, la manida frase: qué lindo nombre, aunque por aquel entonces ella respondiese al llamado de Pacesa y él hubiese sido bautizado con el de Policarpio por el santo homónimo del día de su nacimiento. Sí, el amigo de don Pedro, de Dorito Fernández y su banda, que por esos años recorrían,  despreocupados e indolentes enamorando peladas, discutiendo de fútbol sin real preocupación, las calles y barrios polvorientos del viejo pueblo, con nombres como el de Cerebó, Picoeplancha o el Arenal... Hoy casi olvidados por los jóvenes de nombres con asonancia extranjera.

El santoral tronaba imponiendo patronímico a inocentes criaturas, seguido por los padres más temerosos de la reacción del Obispo que de la falta de protección del niño privado de un Santo Patrón. Pero poco a poco, los héroes de las novelas románticas, las provocadoras divas del cine mudo y del hablado, los galanes de mirada de hielo o de pestañas de ensueño, acentuadas por la magia del technicolor, comenzaban a prestar a las arrobadas madres   sus nombres de película que por lo general casaban mal con los apellidos de origen español u originarios.

Siempre tuve curiosidad por saber de dónde sacaron mis abuelos el apelativo Nelly para mi madre. Venido de Italia, el abuelo mostró su apego a los fastos de la patria y a la familia que dejó, bautizando a su primogénito como Humberto, en honor del Rey que gobernaba la península después de la unificación italiana y Teresa, a su segunda hija, por su madre. Nelly no es un nombre sino un diminutivo de Eleanor o de Hellen o Ellen, que la amante de un rey inglés casi le dio rango de nombre propio. Hubo otras Nellys en el pueblo. Poco a poco, las Ramonas, Candelarias, Castas, Puras, Nieves, Felizas cedieron su lugar a las Elfys, Merys, Doris. Cambios parecidos sufrieron los nombres de los hombres.

La Segunda Guerra trajo al oriente del país un raro entusiasmo por sus personajes emblemáticos. Apareció así una generación de Douglas, Winstons, Rommels. El occidente no se quedó atrás. Poco después, la gente escogió para sus hijos Johnny, con ortografías fonéticas, o Elvis que colaron mal que bien con los Quispes, Mamanis o Willkas de la América de antes de la Conquista.

Los bolivianos son relativamente parcos en la selección de sus nombres, comparados con los uruguayos, capaces de sorprender a todos a la hora de bautizar a sus hijos, incluidos los brasileños, que no se paran en chiquitas en  este asunto, según un artículo de la internet. La lista exhibe, sin intentar ser exhaustivo, Tresfilos, Tabares Vinobien, Lazo de amor, Aguinaldo, Parolín. Árbol, Trademark, Pejerto, No Me Olvides. Circuncisión, que en despecho del acto evocado, tal vez es una mujer. Y como no podía ser menos en el inventario también se halla Salvador. El acervo de apelativos  formado de así-me-da-la-gana  de los progenitores sin consideraciones por el destino social de quienes los llevan alcanza  asimismo al otro sexo. Aquí figuran Addis Abeba, por la capital de Etiopía, Pepa Colorada, Bella y Pasión, Esclavitud y por supuesto Libertad. Dulce, Flor de Té y Flor de un Día, recordatorio permanente de la fragilidad humana, Horina.

De acuerdo a un estudio reciente, dado a conocer por una revista francesa, 60.000 familias norteamericanas se han dejado llevar por la manía de dar a su progenie nombres de marcas de artículos sobre todo de lujo. Pretensión de acoplar el destino del hijo al prestigio de los fetiches de la sociedad actual, encarnados en hombres y mujeres de una belleza envidiable, en un mundo donde el renombre de alguien se consigue menos por el  trabajo que por el consumo. Chanel, conocido perfume francés, encabeza la lista seguido muy de cerca por Nivea, el gigante alemán de los cosméticos.

El primero lleva ventaja al segundo a pesar de su vasta gama de productos, por la cifra que acompaña la marca, de manera que las familias numerosas pueden poner a sus chicos, sin cuidado del sexo, Chanel número cinco o siete o 15. El procedimiento de tipo dinástico ya fue empleado en Santa Cruz, dicen las crónicas. Un señor enamorado de su nombre lo transmitió a todos sus hijos varones, diferenciándolos por el guarismo que acompañaba a cada uno. Nivea, en cambio, no se presta a ese juego. Sería largo llamar a una criatura Nivea Body Lotion o Nivea Anti Age. La marca del alcohol preferido por el padre o la madre sirve igualmente para individualizar al retoño, los hay con sonoridades escocesas, centroeuropeas y hasta caribeñas. No faltan los provocadores, los misántropos que escogen nombres de antihéroes para fastidiar al vecino patriota y enemistar al niño con sus maestros.

Las marcas de automóviles gozan de popularidad para dar nombre a las personas.  No se trata de una moda nueva. Ford o Chevrolet se difundieron también entre nosotros, si bien la víctima de la segunda firma se dio maña para convertirla en una inicial que nadie logró descifrar su significado.

La pregunta es si los hijos puestos bajo el alero de un ícono del capitalismo vivirán mejor que los que se ampararon en el Santo Patrón. Nada parece más dudoso.

*Salvador Romero P.
es sociólogo.

Nota aparecida en el diario La Razón de Bolivia, el día 11/3/2004

http://www.la-razon.com/

 


Ecuador cobija los nombres menos comunes

Gonzalo Guillén 
El Nuevo Herald

http://www.miami.com/mld/elnuevo/

 

Si las personas contemporáneas nacen cobijadas con el derecho a tener un nombre, de acuerdo con la Carta Universal de los Derechos del Hombre, ¿podrían entonces los ecuatorianos Primera Comunión Bastidas, Martes Trece Santana o Cabalgata Deportiva Vera alegar ante tribunales internacionales que sus padres les causaron perjuicios de lesa humanidad?

¿Quién podrá defender a Vick Vaporoup (sic) Giler, a Osa Mayor Medranda o a Puente Vacacional Alcívar? La respuesta podría serles de utilidad a Land Rover García, a Canegunda Isaura Santos, a Obras Portuarias Sánchez, a Chispa de la Vida Álava y a tantos otros ecuatorianos que llevan nombres que han puesto en aprietos al Registro Civil y que en ocasiones son tan estrafalarios como el más feroz de los apodos.

Algunas veces un nombre inesperado le concede fama a una persona. Pero, a primera vista, no parece favorecer mucho a doña Estatua de la Libertad Murrieta, a don Año Bisiesto Owen o a don Conflicto Internacional Loor.

Los nombres estrambóticos en Ecuador proliferan en la provincia costeña de Manabí, aunque en todo el país pululan, por ejemplo, los Lenin ó los Estalin, las Italias, las Maribí, los Washington o los Darwin. (...)

No existen estudios confiables sobre la costumbre ecuatoriana de bautizar a personas con nombres como Osa Mayor Medranda, Calcomanía Aeropajita de Morcillo, Pura Gloria Alemana Ayala o Perfecta Circuncisión Hidalgo.

Algunos creen que podría existir relación con tradiciones indígenas. Los pieles-rojas de Norteamérica, por ejemplo, solían llamarse Toro Sentado o Pluma Blanca que, en todo caso, asombran menos que Perfectísimo Dios Vera Alcívar, Alí Baba Cárdenas, Houston Texas Ronquillo Loor, Cristo Crucificado Cañarte San Andrés, Underwood Escribano Pita, o Unidad Nacional Centeno Gómez.

Muchas personas en Ecuador llevan por identidad lo que para sus padres fueron momentos inolvidables. Es el caso del señor Dos a Uno Angulo. El domingo que nació, el equipo de fútbol Real Madrid de la provincia de Esmeraldas, del que su padre era dirigente, triunfó 2-1 sobre el San Lorenzo. La pasión ecuatoriana por el fútbol también se refleja en los nombres de Justo Empate Enríquez, Campeón Invicto Rodríguez Aspiazu o Victoria Apretada Obregón Carrera.

El patriotismo se adivina en los nombres de don Ecuador Janulvomatón Loor A., en su ya mencionado hermano, señor Conflicto Internacional Loor o en don Himno Nacional Salgado Pólit.

La fuerza incontenible de la publicidad subyace en doña Eveready Pilar Valencia Changa o en Burguer King Herrera Suárez. El apego a la democracia lo carga don Cabildo Abierto Guzmán Conguillo y la majestad de la justicia se enseñorea en la identidad de la señora Cadena Perpetua Vásquez Jijón.

Un incuestionable, aunque incomodo, amor paterno quedó declarado en el Registro Civil con el nombre de doña Niña de mis Ojos Loor Chávez. A este género de afecto paterno rebosado corresponde el nombre de doña Amor de mi Vida Santana García.

La jactancia varonil y el envanecimiento paternal fueron inocultables el día del bautizo del señor Semen de los Dioses Bazurto Quesada, natural de la población de Jipijapa.

Está por verse, sin embargo, si la señora Exquisita Bendita Sánchez Navarro, y los señores Emporio Musical Viteri, Buen Amigo Moscoso Escandón y Cemento Rocafuerte Preciado han hecho honor a sus nombres.

La legislación ecuatoriana no pone límites para el registro oficial de nombres pero exige que éstos no falten al respeto y a la dignidad de la persona humana. Empero, hoy los funcionarios de las oficinas del Registro Civil gozan de plena autoridad para rechazar nombres que, en su leal saber y entender, estimen inapropiados.

En fin... No sería de extrañar que Ecuador haya sido la patria originaria de los eternamente mencionados Zutano, Mengano o Perico de los Palotes. Es cuestión de buscarlos en el directorio telefónico.

 


Los nombres de los uruguayos

Leonardo Haberkorn

Pagina12

http://www.pagina12web.com.ar/suplementos/radar/vernota.php?id_nota=1233&sec=9

Agradezco la información a María Marta Lamoretti

La diversidad y peculiaridad de los nombres con que muchos uruguayos
deciden anotar a sus hijos son un caso que no sólo cruza el charco sino que desde hace tiempo captura la atención internacional. Radar se sumergió en la guía telefónica oriental y encontró mucho más que Washingtons y Franklins: Flash, Pejerto, Dulce, Teléfono, Filete, Arbol, Nestos Odio Papito, Esmédico, Democrático Palmera, Leo Dan, Potranca Ruana, Amada Inglaterra, Tocayo, Circuncisión, Feo Lindo, Roy Rogers, Walt Disney, Daniel Pistola y Libre Albedrío, entre otros. No contento con el resultado, molestó a un puñado de vecinos rioplatenses para que explicaran las vicisitudes de llamarse Marca Registrada, Sarli, Arbol, Hitler y Desdichado. Y contestaron.

 

Los argentinos suelen asombrarse de los nombres de los uruguayos, y motivos no les faltan. El acervo patronímico oriental ha despertado la curiosidad a lo largo de los años, en el propio Uruguay y en el extranjero.
El primer gran investigador de esta materia fue el médico Roberto Jorge Bouton, que recorrió Uruguay ejerciendo su profesión entre 1913 y 1930. La Revista Histórica, que editaba del Museo Histórico Nacional, publicó en 1958 un trabajo de Bouton que, entre relatos de costumbres y tradiciones camperas, recoge una increíble relación de nombres de personas que él mismo trató. La nómina incluye a los uruguayos Tránsito Caballero, Tresfilos Tabáres, Vinobien Valdenegro, Preciosísima Del Campo, Ermitaña Del Valle, Amigo Blanco, Firmo Aldecoa, Capataz Sotelo, Canuto Arredondo y Subterránea Gadea.
Bouton nombra también a un joven llamado Lazo de Amor Pintos y al señor Felino Valiente. También da cuenta de un hombre bautizado Ciérrense las Velaciones y del tierno caso del señor Caricias de la Quintana, que luego llamó a sus hijos Arador, Enamorado y Mensajero, y a sus hijas Bella y Pasión.
Pero quien piense que estos nombres son cosa del pasado se equivoca. En la última edición de la guía telefónica nacional figuran uruguayos con varios de los nombres que un siglo atrás sorprendieron a Bouton. Allí están Francisco Felino López, Canuto Abreo, Aguinaldo Dupetit, Tranquilo Parolín, Esclavitud Sánchez, América Heroica Llano, Gloria del Tránsito Ortiz y Dólar Anito Marr, por citar sólo algunos.
Lo cierto es que los nombres raros están en cada esquina de este país y siempre parece haber lugar para una nueva sorpresa. En septiembre, a raíz de una huelga, el Ministerio de Salud Publica publicó una lista de funcionarios intimados a reintegrarse al trabajo. Allí figuraban, entre otros, Elpidio Fernández, Oheflec Duarte y Marcos Simbad Delfino. Pitaluga, un conocido dirigente político y ex diputado, lleva el curioso nombre de Lucas Delirio.
En realidad, la variedad es infinita. Un integrante de la Corte Electoral proporcionó una lista de increíbles nombres de ciudadanos registrados en esa oficina, con la condición de no citar sus apellidos. Allí figuran uruguayos llamados Flash, Pejerto, Dulce, No Me Olvides, Teléfono, Filete, Flor de té, Arbol, Oxígeno, Horina, Flor de un día, Dos a uno, Nestos Odio Papito, Esmédico, Democrático Palmera, Potranca Ruana, Chupita, Amada Inglaterra, Julio Treintayuno, Tocayo, Banda Oriental, Circuncisión, Feo Lindo, Sol y Luz, Daniel Pistola y Libre Albedrío.
Y estos nombres tampoco son un asunto de tiempos idos. Y si no, que lo diga Arbol Santos, un montevideano que debe su nombre a la pasión de sus padres por las maravillas naturales.
“Mis padres sentían una gran admiración por la naturaleza y un asombro por todo lo que un árbol puede dar a cambio de un lugar y un poco de agua”, dice Arbol. “Y además tuvieron la decisión y el coraje de ponerle a un hijo este nombre”.
Arbol tiene dos hermanas, cuyos nombres también homenajean lo natural: Rocío y Luz Honor. Y según la guía telefónica, Arbol Santos no está solo en Uruguay: tiene un casi tocayo en Salto: Arbol Marques.

Novelas e historietas
¿Cuál es el origen de estos nombres? Al parecer no hay una única explicación. Miles de uruguayos deben sus insólitas gracias a la costumbre –muy en desuso hoy– de bautizar al recién llegado con el nombre del santo de la fecha. Tal es el caso de Areopajita Beltrán, citado por Bouton, o de Arehopajita Carballo, nacido en Aceguá, en 1923. Este extraño nombre se debe a San Dionisio Areopagita, un integrante del Areópago, un tribunal de la antigua Grecia, que fue convertido al cristianismo por San Pablo y luego canonizado. En la guía de teléfonos de Uruguay todavía hoy figura una señora Dionicia Areopagita Fernández.
Las novelas que apasionaron a algunos padres son responsables de otra buena parte de nombres insólitos. Bouton cita el caso de una mujer que le puso a su hija Misterfanoche y cuando le preguntó por el origen del extravagante nombre, le respondió: “Es una novela que leí hace mucho tiempo”. Hoy en la guía telefónica abundan las Blancanieves y figura D’Artagnan Carballo. También consta en una partida de nacimiento que en Río Branco fue inscripto el niño Aladino Pereira.
Desdichado Cortés es un montevideano de 72 años que debe su nombre a que sus padres adoraron la novela Genoveva de Bravante, de C. Schmidt. Le pusieron a sus hijos los nombres de tres de los protagonistas: Salvador, Sigifredo y Desdichado, el hijo de Genoveva que nace en un calabozo. “Es una novela muy linda”, dice hoy Desdichado. “Yo la tuve, la perdí y ahora siempre la estoy buscando, pero ya no se consigue”, lamenta.
Claro que los padres uruguayos no han leído sólo novelas... también están los fanáticos de las historietas. Así, el 24 de enero de 1956 fue inscripto en Paso de los Toros el niño Roy Rogers Pereira. Y en 1996, la revista Tres entrevistó a un empleado de la telefónica Antel llamado Walt Disney De los Santos.
Walt Disney explicó entonces que su padre era un policía que leía muchas revistas del ratón Mickey. Y relató que tuvo que sacar su nombre de la guía de teléfonos: “Me llamaban mucho, principalmente chiquilines”.

Homenaje a la Coca
También el cine ha sido fuente de inspiración para muchos padres uruguayos.
El trisemanario Atlas de la ciudad de Melo publicó en 1996 el edicto de casamiento de un panadero llamado Glen Ford Silva. Y en Montevideo vive una mujer de apellido Obelar, bautizada con el nombre Isabel Sarli hace 33 años. “Mi papá estaba enamorado de la artista, por eso me puso Isabel Sarli”, explica la señora Obelar. Tan enamorado estaba su padre que, para que no quedaran dudas de la intención de su homenaje, nunca llamó a su hija por su primer nombre, Isabel, sino por el segundo, Sarli. “Mi papá siempre me llamó Sarli y así me llaman todos hoy. La gente siempre se admira de mi nombre”, agrega Obelar.
Ella, a su vez, llamó a su hija Lorena Paola, salvando las distancias. Es que el cine, la televisión y la música argentina han dejado una profunda huella en la nomenclatura uruguaya. Hoy existen unos cuantos orientales llamados Leo Dan o Leodán, nacidos en pleno auge del Club del Clan.
Otros nombres tienen un origen más asombroso, como el de muchos uruguayos llamados Trademar o Trademark.
Trademar Silvera relató su caso en la ya citada nota de la revista Tres. “Soy criado en las costas del río Yaguarón. Mi padre tenía un almacén y contrabandeaba de Brasil. Un día trajo latas de guayabada –un dulce brasileño– que decían “trade mark”, que en inglés quiere decir marca registrada. Mi madre la vio, estaba esperando y dijo: “Si es varón le voy a poner Trademark. Y bueno, cuando me fueron a inscribir, el juez les dijo que era mejor sacar la “k”. Vamos a dejarlo Trademar, les dijo y ellos aceptaron”.
Silvera se llevó la mayor sorpresa de su vida el día que en una oficina pública se encontró con un tocayo. Pero se puede decir que no fue un hecho tan excepcional, si tomamos en cuenta que hoy en la guía de teléfonos hay cinco Trademar y un Trademark.
Otros nombres son inexplicables, salvo desde un extraño sentido del humor. Es el caso del niño de apellido Leche, anotado con el nombre de Tomás en el Registro Civil el 15 de mayo de 1951. O el del difunto cuyoaviso fúnebre atesora el periodista Homero Alsina Thevenet en una colección de desopilantes recortes: el señor Perfecto Gil.
Hitler de izquierda
La geografía ha sido otra fuente de inspiración para los papás de los recién nacidos de este país. Muchos uruguayos llevan nombre de ríos, países y ciudades. Consta en textos de estudio de Derecho el trámite de rectificación de su partida de nacimiento que hizo una señora bautizada Barcelona. Más raro es el caso de una jueza que se llama Addis Abeba Martínez y que ha declarado desconocer por qué su padre la llamó como la capital de Etiopía.
Otra conocida afición oriental ha sido el homenajear en el nombre de sus hijos a próceres y prohombres varios. Miles de orientales se llaman Washington, Franklin, Lincoln, Schubert, Darwin, Artigas o Napoleón. Beethoven Javier y Voltaire García fueron futbolistas de renombre que hoy son directores técnicos. En la guía de teléfonos no faltan los Kennedy y los Eisenhower; los Spencer, los Hohberg y los Luis Artime. Y en Pando, el 22 de enero de 1952, fue anotado el niño Carlitos Gardel Hernández.
Claro que hay homenajes de gusto mucho más dudoso. Tal es el caso del señor Hitler Aguirre, un comerciante de Tacuarembó.
“Yo nací en el 40, cuando la guerra. Mi padre y mi tío se pasaban discutiendo: mi padre decía que Hitler era mejor que Mussolini, mi tío decía que Mussolini era mejor que Hitler. Al final mi padre me puso Hitler a mí y mi tío le puso Mussolini a mi primo”, cuenta Aguirre.
Puede decirse que el Hitler uruguayo es el primer Hitler de izquierda en el mundo. En 1971 votó al Frente Amplio y dos años después, cuando sobrevino la dictadura militar, pagó ese pecado con 50 días de cárcel y una inspección impositiva que arruinó el comercio que tenía en aquellos años. Se refugió 27 años en el campo y hoy, de vuelta en la actividad comercial, ya tiene decidido volver a votar al Frente Amplio: “Ya hemos pasado cien años con gobiernos blancos y colorados, ahora hay que probar otra cosa ¿no?”, explica.
Pero tales “ideas extrañas” no impidieron que cuando, hace 35 años nació su primer hijo, también le pusiera de nombre Hitler.
¿Y qué dice su hijo del nombre que le puso?
No dice nada. “Nunca me dijo nada, ni sé si le gusta o si no le gusta”.
De todos modos, en la batalla de los nombres, queda claro dónde estaban las mayores simpatías de los uruguayos durante la Segunda Guerra Mundial. Mientras en la guía telefónica de todo el país figuran apenas un Hitler y un Mussolini, al mismo tiempo hay dos José Stalin, ocho Stalin a secas, un Stalingrado y nueve Churchill o Winston Churchill.

Balance complicado
Muchos de estos nombres se conocen gracias a que algunos funcionarios del Registro Civil llevan años fotocopiando y atesorando para sí mismos algunas de las partidas de nacimientos, casamientos y fallecimientos más increíbles. Así se han inmortalizado los nombres de Nicanor Clandestino Costa, Gaucho Puntiador Techera, Gaucho Carolino Acevedo, Caerte Freire, Pepa Colorada Casas, Selamira Godoy, Termo Piccinini o Johnny Dolars Aguilera.
También se sabe que el 13 de julio de 1936 fue inscripto en Tacuarembó el niño Juan Antonio Nicasio Francisco Manuel Antonio Bernardo Mario Héctor César Higinio Molotov Gorki Iglesias Largo Abayubá Yamandú Zapicán Cajals Engels, de apellido Seoane.
Es que la ley uruguaya no pone límites a la cantidad de nombres que puede recibir un niño, ni tampoco coarta la libertad de los padres. Sin embargo, el Registro Civil, en los últimos años, ha comenzado a rechazarlos nombres que pueden ser considerados denigrantes para la persona que los recibe.
Claro que nunca se sabe cómo alguien tomará el nombre que le regalan sus padres. A Hitler Aguirre, por ejemplo, cuando comenzó a ir al liceo todos los profesores querían cambiarle el nombre a toda costa. “¡Qué esperanza!”, les dije. “Si mi padre quiso para mí ese nombre, yo no me lo voy a cambiar”.
Algo parecido le pasó a Desdichado Cortés. Un primo de su padre era juez de paz y le ofreció hacerle sencillo y económico el largo trámite necesario para cambiarse el nombre. “Yo tenía 20 años y le dije que me dejara pensarlo unos días. Lo pensé mucho y llegué a la conclusión que yo iba a ser el mismo, con este nombre o con cualquier otro. Y me lo dejé. Ahora me gusta, creo que debo ser el único”.
Arbol Santos ha reflexionado mucho en su nombre y se nota. “Tener un nombre así te fortalece, pero también te genera una sensación de sentirte siempre distinto. Es difícil evaluar el efecto total de llevar un nombre tan raro. Yo creo que el balance tira a positivo, pero no dejo de reconocer que tiene un lado muy complicado”.
Por las dudas, cuando nacieron sus hijos, Arbol les puso nombres bien sencillos.

 


 

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